Cómo digitalizar un negocio físico sin cambiar todo lo que ya funciona

Anabel Gonzaléz6 min de lectura

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Cómo digitalizar un negocio físico sin cambiar todo lo que ya funciona

Digitalizar un negocio no debería significar empezar de cero.

Si tenés un comercio hace años, probablemente ya exista una forma de trabajar.

Tenés productos.

Tenés precios.

Tenés proveedores.

Tenés clientes que vuelven.

Quizás manejás el stock con una planilla, con un sistema de gestión o incluso de memoria entre las personas que trabajan en el local.

También puede que recibas pedidos por WhatsApp, cobres por transferencia y coordines los envíos manualmente.

El problema no es que tu negocio no funcione.

El problema aparece cuando querés vender online y descubrís que muchas herramientas te obligan a reconstruir toda esa operación dentro de otro sistema.

Ahí digitalizar deja de sentirse como una mejora y empieza a sentirse como más trabajo.

La alternativa es diferente: llevar a digital lo que ya funciona, por etapas, sin frenar el negocio.


El error más común: pensar que digitalizar es solamente crear una tienda online

Crear una página con productos no significa que el negocio esté digitalizado.

La tienda es solamente la parte que ve el cliente.

Detrás siguen existiendo preguntas mucho más importantes:

  • ¿De dónde sale el stock?
  • ¿Dónde actualizás los precios?
  • ¿Quién confirma el pedido?
  • ¿Cómo sabés si ya pagaron?
  • ¿Cómo coordinás el envío?
  • ¿Dónde queda registrado el cliente?
  • ¿Qué pasa si vendés el mismo producto en el local?
  • ¿Quién factura la venta?

Si la respuesta a cada pregunta está en una herramienta diferente, probablemente no hayas digitalizado el negocio.

Simplemente agregaste otro canal.


Antes de cambiar herramientas, entendé cómo funciona hoy tu negocio

El primer paso no debería ser elegir una plataforma.

Debería ser mapear tu operación actual.

Por ejemplo:

Productos

¿Dónde tenés actualmente la información?

Puede estar en:

  • Excel;
  • Google Sheets;
  • un ERP;
  • Tango;
  • PDFs;
  • listas de proveedores;
  • catálogos;
  • archivos CSV;
  • incluso conversaciones de WhatsApp.

Precios

¿Existe una sola lista?

¿Tenés precio minorista y mayorista?

¿Cambian según cliente?

¿Aplicás descuentos por cantidad?

Stock

¿Lo actualizás manualmente?

¿Sale de un sistema?

¿El stock del local y el online deberían ser el mismo?

Pedidos

¿Llegan por WhatsApp?

¿Los anotás?

¿Los cargás después en otro sistema?

Clientes

¿Tenés una base organizada o solamente contactos guardados en el teléfono?

Cobros

¿Usás transferencia?

¿Mercado Pago?

¿Efectivo?

¿Señas?

¿Cobrás una parte primero y otra después?

Antes de implementar tecnología nueva hay que entender estas reglas.

Porque la plataforma debería adaptarse al negocio.

No al revés.


Digitalizar no significa reemplazar todos tus sistemas

Este punto es especialmente importante para comercios más consolidados.

Supongamos que ya utilizás Tango para administrar parte del negocio.

No tendría sentido abandonar automáticamente una herramienta que ya funciona solamente porque empezaste a vender online.

Tampoco tendría sentido cargar los mismos productos y precios manualmente en dos lugares diferentes todos los días.

Una buena digitalización debería preguntarse:

¿Qué sistema debería seguir siendo la fuente de cada dato?

Por ejemplo:

Tango puede continuar administrando determinada información interna.

La tienda online puede recibir:

  • productos;
  • precios;
  • stock;
  • clientes;
  • pedidos.

Así evitás duplicar trabajo.

La meta no debería ser reemplazar todo.

Debería ser conectar lo que ya funciona con lo que necesitás agregar.


Paso 1: digitalizá primero el catálogo

No hace falta resolver todo el negocio el primer día.

El primer objetivo puede ser mucho más sencillo:

tener un catálogo digital ordenado.

Eso implica reunir:

  • nombre del producto;
  • precio;
  • descripción;
  • variante;
  • stock;
  • fotografía;
  • categoría.

Y acá aparece uno de los mayores problemas de muchos comercios.

La información ya existe, pero está desordenada.

Puede haber una lista de precios en Excel, fotos en WhatsApp y descripciones en un PDF del proveedor.

Tradicionalmente alguien tendría que copiar todo eso manualmente.

Pero cada vez tiene menos sentido trabajar así.

Una plataforma moderna debería poder ayudarte a interpretar archivos existentes y convertirlos en información estructurada.

Ese es un punto en el que la inteligencia artificial puede aportar mucho más valor que simplemente escribir una descripción bonita.


Paso 2: definí de dónde sale el stock

Después del catálogo viene una pregunta crítica:

¿Quién manda sobre el stock?

Si vendés solamente online, puede ser sencillo.

Pero si tenés:

  • local físico;
  • WhatsApp;
  • vendedores;
  • ecommerce;

el mismo producto puede venderse desde varios lugares.

Si cada canal tiene su propio stock, tarde o temprano vas a vender algo que ya no tenés.

Por eso necesitás definir una fuente principal.

Puede ser:

  • tu sistema actual;
  • tu ERP;
  • una planilla;
  • la propia plataforma de ecommerce.

Lo importante es que exista una lógica clara.


Paso 3: separá venta de conversación

Muchos negocios venden por WhatsApp porque funciona.

Y no hay nada malo en eso.

El problema aparece cuando WhatsApp hace cinco trabajos al mismo tiempo.

Por ejemplo:

“Hola, ¿tenés shampoo de 500 ml?”

Después:

“¿Cuánto sale?”

Después:

“¿Hacés envíos?”

Después:

“¿Te transfiero acá?”

Después:

“¿Me llegó el pago?”

Después:

“¿Cuándo sale?”

El vendedor termina respondiendo manualmente preguntas que podrían resolverse solas.

Una tienda online puede ocuparse de:

  • mostrar disponibilidad;
  • mostrar precios;
  • recibir el pedido;
  • registrar los datos;
  • cobrar;
  • informar el estado.

Y WhatsApp sigue existiendo.

Pero pasa a utilizarse donde realmente aporta valor:

  • asesoramiento;
  • ventas complejas;
  • consultas especiales;
  • clientes importantes;
  • posventa.

Digitalizar no significa perder atención humana.

Significa dejar de usar personas para tareas repetitivas.


Paso 4: centralizá los pedidos

Un pedido debería convertirse automáticamente en información útil.

Como mínimo:

  • cliente;
  • productos;
  • importe;
  • pago;
  • entrega;
  • estado.

Si después de recibir una compra alguien tiene que copiar todo manualmente a otra herramienta, todavía hay una parte importante por resolver.

El objetivo debería ser poder mirar un solo panel y saber:

Qué pedidos llegaron.

Cuáles están pagos.

Cuáles hay que preparar.

Cuáles ya fueron enviados.

Cuáles tienen un problema.

Parece básico.

Pero en muchos comercios esa información sigue repartida entre WhatsApp, notas, planillas y memoria.


Paso 5: digitalizá los cobros sin romper tu forma de vender

No todos los negocios cobran igual.

Y esto se vuelve especialmente importante cuando pasás del ecommerce tradicional al comercio real.

Un negocio puede trabajar con:

  • tarjeta;
  • transferencia;
  • efectivo;
  • pagos contra entrega;
  • señas;
  • saldo pendiente;
  • cuenta corriente;
  • pagos diferidos.

Un mayorista puede incluso tener condiciones diferentes según cliente.

Por eso digitalizar cobros no debería significar forzar a todos los negocios a utilizar exactamente el mismo checkout.

La tecnología debería poder representar las reglas comerciales que ya existen.


Paso 6: integrá entregas y envíos

Después aparece otra parte que normalmente vive separada.

La entrega.

Puede ser:

  • retiro en local;
  • mensajería propia;
  • envío en el día;
  • correo;
  • operador logístico;
  • transporte mayorista.

El cliente necesita saber qué opciones tiene.

Pero el comercio también necesita poder seguir el pedido internamente.

La logística no debería empezar recién después de recibir el pago.

Tiene que formar parte del flujo completo de la venta.


Paso 7: automatizá recién después de ordenar

Automatizar un proceso desordenado no lo arregla.

Solamente hace que el desorden ocurra más rápido.

Primero necesitás definir:

  1. dónde está la información;
  2. quién la actualiza;
  3. qué pasos tiene cada venta;
  4. qué excepciones existen.

Después podés automatizar.

Por ejemplo:

Antes

Llega un pedido.

Alguien revisa el comprobante.

Después anota la venta.

Después actualiza stock.

Después escribe al cliente.

Después prepara el envío.

Después

El sistema registra el pedido.

Identifica el pago.

Actualiza el estado.

Organiza la preparación.

Notifica al cliente.

La persona interviene solamente cuando hace falta.

Ahí la digitalización empieza a ahorrar tiempo de verdad.


¿Y si mi negocio vende mayorista?

En comercio mayorista aparecen reglas que un ecommerce tradicional muchas veces no contempla.

Por ejemplo:

  • compra mínima;
  • precio por cantidad;
  • listas de precios según cliente;
  • aprobación de cuenta;
  • condiciones de pago;
  • crédito;
  • productos habilitados según comprador;
  • vendedores asignados.

Estas reglas no son detalles.

Son parte del modelo de negocio.

Por eso un mayorista debería analizar no solamente si una plataforma permite “publicar productos”.

Debería preguntarse:

¿Puede representar la forma en la que realmente vendo?


¿Y si además vendo servicios?

Otro caso frecuente son los negocios híbridos.

Por ejemplo, un pet shop puede vender:

  • alimento;
  • juguetes;
  • accesorios;

pero también ofrecer:

  • peluquería;
  • baño;
  • turnos.

Una tienda tradicional puede resolver perfectamente los productos.

Pero el negocio necesita algo más amplio.

Cliente.

Producto.

Servicio.

Reserva.

Pago.

Recordatorio.

Historial.

A medida que los comercios se digitalizan, la frontera entre ecommerce y sistema comercial empieza a desaparecer.


No hace falta digitalizar todo de una vez

Un negocio puede hacerlo por etapas.

Etapa 1

Catálogo online.

Etapa 2

Pedidos.

Etapa 3

Pagos.

Etapa 4

Stock.

Etapa 5

Envíos.

Etapa 6

Clientes.

Etapa 7

Automatizaciones e integraciones.

Lo importante es que cada etapa reduzca trabajo.

No que agregue otra herramienta más.


¿Dónde entra Orbitienda?

Orbitienda parte justamente de este problema.

No busca que un comerciante tire a la basura todo lo que utiliza actualmente para empezar de cero.

La idea es poder tomar la información que ya existe en el negocio y convertirla en una operación digital más ordenada.

Eso puede significar trabajar a partir de:

  • listas;
  • planillas;
  • archivos;
  • catálogos;
  • fotografías;
  • sistemas existentes.

Y llevar la información necesaria a un espacio donde puedan convivir:

  • catálogo;
  • inventario;
  • pedidos;
  • clientes;
  • pagos;
  • entregas;
  • tienda online.

La inteligencia artificial entra para reducir parte del trabajo de configuración y administración.

No solamente para generar contenido.

El objetivo es que la plataforma pueda comprender cada vez mejor cómo funciona el comercio.


El objetivo no es tener una tienda online

Ese es solamente el medio.

El objetivo real es que:

  • el cliente pueda comprar más fácilmente;
  • el comerciante tenga menos tareas manuales;
  • los pedidos no se pierdan;
  • el stock esté más ordenado;
  • la información esté centralizada;
  • vender online no implique duplicar trabajo.

Una tienda online que genera más administración que ventas no está digitalizando tu negocio.

Está agregando complejidad.

La tecnología correcta debería hacer lo contrario.


Una buena digitalización empieza por conservar lo que ya funciona

No necesitás cambiar todo tu negocio para empezar a vender mejor online.

Primero identificá qué procesos ya funcionan.

Después detectá qué tareas se repiten.

Y recién entonces elegí qué vale la pena digitalizar.

El objetivo no es transformar tu negocio en una empresa tecnológica.

Es usar tecnología para que administrar el negocio requiera menos esfuerzo.

Y si hoy tenés productos, clientes y una operación funcionando, probablemente ya estés mucho más cerca de vender online de lo que pensás.

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